Merde alors ¿por qué no? Hablo de entonces, de Sèvres-Babylone, no de este balance elegiaco en que ya sabemos que el juego está jugado.

Tuesday, October 07, 2008

Amanece tan pronto y yo soy Han Solo

A P, a mí, treinta años después. Felicidades.


"Esta ausencia que ahora puebla mi casa (...) me obliga a escribir lo que escribo con una absurda esperanza de conjuro" Cortázar, Julio. Silvia.



La cosa empezó a gestarse hará cuatro semanas: una tarde, al llegar a casa, escuché sin poder evitarlo una conversación privada y telefónica de mi compañero de piso en la que planeaba montarme una fiesta sorpresa por mi treinta cumpleaños (hablaba de guirnaldas, de cuántas botellas de ron serían necesarias, de un regalo basado en unas entradas para la ópera y un ampli para mi bajo nuevo). La excitada palpitación de mi arrobo me impidió dormir formalmente aquella noche, y en la pesada oscuridad de mi tiniebla fui dándole molde a un pequeño plan de agradecimiento con sorpresa de rebote.


Todos los que me frecuentan saben de mi adoración por Alan Poe y que me creo, de alguna manera, vinculado a su melancólica figura por el mero hecho de haber nacido un siete de octubre, el mismo día de su extraña muerte ciento sesenta años trás, y que me siento obligado a compartir sus obsesiones varias, sobre todo aquella en la que temía ser enterrado vivo. Me hice, en los almacenes de Ikea, con una caja de cartón que metí en casa subrepticiamente y que fui decorando por dentro, durante aquellos laboriosos días previos al ágape, con un forro de raso fucsia de motivos romboidales y acolchado , unas telas de araña de mentira y unos cojincitos mullidos para la cabeza y los pies. Era el perfecto ataúd en el que cumplir treinta años.

Para mejor recrear en mi salón el ambiente de la época de Poe, bajé al chino de la esquina y compré cuatro candiles enormes, como de latón, que emitían una luz ténue, enfermiza y amarillenta que me parecía ideal. El efecto neblina lo conseguí gracias a un par de tubos de gas discoteca que coloqué en una esquina del salón con un tempoizador, adecuadamente escondidos detrás de unos adoquines falsos de cartón piedra que guardaba en el desván desde mi breve y tenebroso pasado teatral. Cuando terminara con ella, la estancia parecería una calle recién sacada de cualquier oscura ciudad americana de mediados del siglo XIX: llegué a componer incluso, gracias al photoshop, un pequeño cartel que semejaba a aquellos que, antaño, decoraban las farolas de las ciudades con los nombres de las calles. Mi particular calle mortuoria se llamaba: "La tumba de Alan".


Tenía entendido que la fiesta daría comienzo hacia las ocho de la tarde. Andrés hacía de gancho: le habían encomendado la misión de mantenerme varias horas fuera de casa, así que en la misma mañana del día siete me llamó y me citó en una cafetería del centro. Quedamos, pero no fui. Me pasé toda la mañana preparando a conciencia el rincón de Poe y, hacia las cinco, metí el féretro de cartón en la sala de la fiesta, me introduje dentro y me puse a esperar. Me moría de ganas por ver las caras de mis amigos al entrar y encontrarse mi cuidado atrezzo decimonónico. Fue pasando el tiempo y me extrañó no oir ningún ruido, pero me mantuve quieto, tanto que llegué a dormirme. Al despertar, la luz del día atravesaba torpemente las rendijas de mi tumba. ¡No había habido fiesta! ¿Me habría confundido de lugar o de día? Intenté moverme, pero mis músculos estaban atrofiados, gomosos y parecían no tener ninguna intención de sacarme de allí. Esperé algún rato, a ver si encontraba fuerzas para incorporarme, pero no hubo manera. Además, empecé a pensar que tampoco se estaba tan mal así, tirado en mitad del salón, atorado en mi propio ataúd; y que antes o después llegaría alguien a casa y me sacarían.



Sin embargo han pasado un par de días y no ha venido nadie. Estoy empezando a preocuparme y tengo algo de gazuza, pero me alivia pensar que, al menos, no estoy enterrado en ninguna parte. Creo.




3 comments:

narradora de bolsillo said...

Perdón por el retraso..Felicidades!!
Ce

Anonymous said...

(...) "de dulce golem de palabras". Que bonito cuento! me ha gustado! Como no! lleva mi nombre! Muchas felicidades Pablito!! aunque creo que van con retraso. Un besito para ti y otro para Alberto.

Anonymous said...

y dónde estaban?? Bueno, felicidades, a casi un mes de atraso, es igual, te felicito igual. Este relato no es de los mejores,vamos, pero si la voz, tu voz, me ha gustado, me ha recordado a los diarios tipicos de un adolescente que anota sus vivencias. Es decir, cumpliste 30, pero parecias tener 15 jajaja, enserio, por tu voz, y el final, se veía venir, Un beso, Pablo..